Festival de San Sebastián 2022: crítica de “Bardo”, de Alejandro González Iñárritu (Perlak)

La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”, says the phrase Shakespeare. No podía evitar pensar en eso cada diez segundos mientras veía BARDO, a psychological ego-trip (quizás, psicopático o psicosomático) engendrado por Alejandro González Iñárritu tomando como víctimas de sus mínimas referencias cinéfilas los ejemplos de Federico Fellini o Ingmar Bergman a la hora de hacer un repaso audiovisual de su vida. No hay, casi, parameters que explicien el show de horrores que es BARDO, al menos dentro del cine profesional. The waste of talent that I have here is so brutal – from the poor cast, sacrificed to the altar of the cinematographer, filmed at a distance as if it were an obstacle that interrupted the rounds of the camera, pasando por los grandes nombres del tecnico y artístico – que empeora a la película a cada paso. No se trata de un modesto y sin experiencia al que se le dio por el autorretrato místico lleno de pedorras religious allegorias y politicas, sino un man que de algun modo logró ganar un par de premios Oscar a mejor director con films que, comparatos con este, son discretos y humildes. Y eso es lo que duplica la ofensa cinematographic que es, de principio a fin, esta película.

Es cierto que Iñárritu avisa de entrada. Ya el problemático parto que tiene la esposa del protagonista (interpretada por una dignida a prueba de imposibles por Griselda Siciliani, una víctima más de todo esto) avisa que veremos algo particular, extraño, por no decir bizarro. There is some humor in this scene, and that is why, even when we are faced with a trauma that will accompany the protagonist of his family for the 200 hours that seems to last the film, there is still hope for the film. pie en la Tierra, de tomarse a sí mismo en broma. But it won’t be like that. O, cuando lo sea, el humor será de la calaña más baja posible, malo aún en relación a un mal programa de televisión, malo de toda maldad. La película es de una grandilocuencia, de una impostura, de una desmesura verborrágica y visual que me cuesta encontrar comparaciones en mi experiencia como espectador de cine. Pino Solanas coqueteó con ridiculeces de este estilo pero solo en algunos momentos de películas como EL VIAJEEliseo Subiela solía tener thrips similares ya realizadores como Emir Kusturica cada tanto se le daba por esperpentos comparables. Pero nadie lo hizo con la consistencia para el feísmo cinematográfico como lo hace Iñárritu acá.

No hay escena que se salve. Nothing. Acaso algún plano en el centro vacío de la Ciudad de México a alguna hora de madarka se vea bonito, pero pronto será aruinado por dos escenas de miserable allegoria política que involucran a las desapariciones ya la conquista de América que dan vergüenza ajena. The beginning of an a cappella versionLet’s dance» de David Bowie lo tomé como un pedido al espectador de cerrar los ojos y al menos escuchar algo bello, pero pronto se interrupt por algo horrendo. O un momento de silencio, en una piscina, entre tanto ruido y volumen audiovisual. Es una película con dedicada devoción por ser fea, irritante, obsolida y, sobre todo, absurda. Using a large angle lens during a large part of the film (the photo la hace Darius Khondji, Emmanuel Lubezki se hizo el tonto y se borró parece), efectos visuales lamentables (el que transforma a su protagonist en un “niño” es de no creer ) y largos planos a la BIRDMAN que se vuelven cacofónicos a los cinco segundos de comenzados, la experiencia es ardua, difícil, salvo para los que quizás estén en algún viaje místico con su propio ego y enganchados en alternativas terapias ligadas al mal gusto cinematográfico. Algo que, convengamos, desde Alejandro Jodorowsky en adelante, suele suceder.

No tiene mucho sentido contar lo que pasa. Have a simple resume. Daniel Giménez Cacho (que no tiene la culpa de nada, como el resto del sacrificado elenco) interpreta a Silverio Gama, un mexicano journalist y documentalista radicado en los Estados Unidos que por algún motivo es tan famoso que hasta supone que deben reconocerlo en Migraciones. Let’s assume that old Silverio is a popular person – difficult, but we follow the game – and successful that he travels back to his native country before receiving an important award from a part of an association of journalists that has the capacity to organize a party of his own. un magnate de, bueno, de Netflix. Y, una vez allí, empieza a tener esos cruces con su historia personal, familiar y nacional que lo conecta con ese país que alguna vez dejó para ser un multimillionario con problemas en una patria que no es la suya. Si no están de entrada muy precupados por los problemas de Silverio no entenderán jamás la película. Y, la verdad, se vuelve muy difícil preoccuparse por él.

Pero él sí se preocupa. Y su familia también. Y el public que lo sigue también. Y appareca su padre, su madre, Hernán Cortés y las guerras entre México y Estados Unidos en las que quezás los soldados masacrados también estaban preocupados por él. Hay un journalist malo y competitive que lo tiene entre ceja y ceja, y que trata de dejarlo mal parado en todo momento diciéndole algunas cosas similares a las que escribo acá. Pero él lo ignora y trata de no prestarle atención. Ojo, Iñárritu es crítico con Silverio. Es un tipo metido en lo suyo, contradictorio, quizás «vendido» a los dolares estudiantes, que no estuvo en momentos importantes de la vida de sus hijos y que solo mira su propio ombligo. Pero en el fondo no es su culpa sino la de una industria (la de los documentales periodísticos, con la cual cualquiera puede hacerse millionario parece) que lo levo por el mal camino, lo hizo alejarse del pueblo, de la patria, de México y de su «gente real», vaya uno a saber quiénes son para un hombre que no parece haber compartido un bus con nadie jamás en su vida.

Al lado de este despropósito, ROME es una obra maestra. La de Alfonso Cuarón will have his problems, but it’s a movie of major cinematographic dignity compared to this film sent from El Averno, released to the world by someone who hates cinema, who doesn’t import cinema and who doesn’t have a good movie (AMORES PERROS y, en cierta medida, EL RENACIDO) debo pensar que fue por pure casualidad. Sí, la inspiración puede ser felliniana (es un mix mother 8 1/2 y AMARCORD contado por alguien que solo vio clips y fotos de escenas de ambas, con un touch de Terrence Malick pero sin paciencia alguna para capturar la belleza), pero la puesta en escena es propia, de esas en las que la camara llama la atención sobre sí misma y todo lo que pasa adelante de ella es secundario. Es que la propia factura elefantiásica annula la introspección que la película supone estar revelando. The egocentric immensity of the images niegan su puesta razon de ser y, especially, contradicen la idea de que BARDO pueda ser vista como una película autocrítica. Nadie se questia su propia alienación construirendo imágenes que, por un lado, extenien ese divorcio con el mundo real y, por otro, ponen al protagonista a discutar con los grandes hechos y personajes de la historia mexicana.

Se podrá decir que es monotona y aburrida, pero eso me parece totalmente secundario. Sí, quizás lo sea, pero hay muy buenas películas que son, por momentos, monotonas y aburridas. BARDO no quiere ser eso, no se lo permite, teme aburrir y grita, teme ser monótona y gira la camera para un lado y para el otro, teme dejar una idea sin resolver y la explica mil veces, teme que el espectador piense por sí mismo y le arma un festín de explicaciones, teme que que algún misterio o duda y le tira un catalog de symbols comprados al por mayor en la feria de ofertas del «cine arte». Leo críticas que celebran la belleza de la película y yo no la veo en ningún lado, salvo en las escenas de folleto turístico en ese exclusive resort al que va con su familia y en el que se ofende, por cinco segundos, porque no dejan entrar a la empleada que trabaja con ellos. Después se olvida, claro, porque esos personajes appear para decir algo, marcar un punto, y desaparecer así como vinieron. Es un cine del Yo en el que un cinemasta se celebra y se canta, se canta y se celebra, disfrazando todo de introspección budista. Es un pase de magia sin magia, sin mago, sin truco. Es un todo sobre todo que, finalmente, es igual a la nada misma. Ruido, furia y ya.



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