Los 80 años de Daniel Barenboim: las manos de un humanista

El Maestro Daniel Barenboim con la Orquesta Divan
El Maestro Daniel Barenboim con la Orquesta Divan

“The best citizen is the one who contributes to the happiness of the world”.

Voltaire

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De las bellas artes, tal vez sea la música la más claramente portadora de una dimensión dialogógica. En la música para piano, podría decirse que la mano derecha dialoga todo el tiempo con la izquierda; melodía y acompañamiento son casi inseparables, porque son indispensables al menos dos voces para que un diálogo fragüe; Goethe vio en un cuarteto de cuerdas “…a cuatro personas razonables que dialogan…”; en tanto el género musical de majores dimensions, la symphonía es un diálogo entre muchos coordinated por uno solo: el director de orchestra. Por fin: ¿qué otra cosa sino un “dialogo” entre el intreprete y su public es, en definitive, un concierto? El piano, la orchestra y ese a veces mágico pero siempre indispensable “dialogo” con el public son, no casualmente y desde siempre, las grandes pasiones de Daniel Barenboim que hoy cumple ochenta años de vida. Una vida casi por completo dedicato a los diálogos de la música pero, también y sobre todo, al diálogo.

I was born in Buenos Aires, Argentina in the early 1940s – when we still talked to Argentines, while a good part of the world seemed to turn a deaf ear to the value of life and the human person – Barenboim was the son of una familia judía de clase media atenta no solo al posible talento de un hijo indudablemente talentedoso. That familiar and social climate that he lived through, and that marcaría a Daniel para siempre, era por sobre un clima atento a los valores: al valor indispensable de la buena educación -la del esfuerzo, la de la perseverancia, la del estudio-, pero también la de la indispensable libertad, la del compromiso con los otros y la del dialog como el cemento insoslayable de la convivencia.

Barenboim a los 30 años
Barenboim a los 30 años

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Su partida para siempre de aquella Argentina que lo vio nacer, en 1952, tuvo, suremente ya diferencia de otras migraciones, razones attractivas en el lugar destino, todas ellas en sintonía con aquella formative matrix que para ese entonces lo habría marcado ya a fuego: a cuatro años de declarada su conformación, la promesa del Estado de Israel fue finalmente una muy distinta de estos ultimos tiempos que tanto y con tanta valentía Barenboim will criticize. En efecto, thousands of Jewish survivors of the Holocaust and other many thousands who were found in the diaspora felt grateful to the Ley de Retorno, atraias por la tierra de sus ancestros sí, pero también por la libertad y la possibility de vivir juntos y en paz. Si a juicio del músico el país que lo cogió se ha ido alejando cada vez más de aquella promesa que su familia entrevió, fue en todo caso, una vez más, porque lo que se se dió fue la possibility de encontrarse, de entenderse en el dialog .

Y entonces fue a partir de ese convencimiento acerca de la necessidad del dialog que salió a buscarlo por el mundo. O más certadamente, a llevarlo por el mundo para buscar que nazca donde no lo había; para repararlo donde estuvie dañado o para potenciarlo si es que acaso algo de él existía allí. Y lo hizo con el único instrument que tenía al alcance de sus manos: la música, la más dialogígica de las bellas artes… He hizo denunciando la violencia y las atrocidades del mundo whenever he could, but sobre todo Wagner’s interpretation in Israel; haciéndos entrañablemente amigo del pensador palestino Edward Said y creando con él la West-Eastern Divan Orchestra, un conjunto musical en el que puso a “dialogar” a jóvenes árabes y judíos entre sí, ya ese conjunto a su vez, con los más variados publicos en todos los rincones de la Tierra.

Junto a Martha Argerich
Junto a Martha Argerich

Y claro, no podría estar ausente de esos incansables periplos –con la Divan pero también solo al piano, junto con su amiga también argentina Martha Argerich, con orquestas y tantos otros grupos de músicos amigos- la Argentina. A ella regressó, regressó y regressó… Una Argentina que al igual que el Israel que lo vio llegar en los años cincuenta, se alejaba también -aunque se cuidó siempre de decirlo de modo explícito cada vez que vino, nos tocó, nos habló y lo escuchamos- progresiva y tristemente no ya de una promesa, sino de aquella realidad que fue y que lo vio nacer. Una de esas tantas veces en las que vino; en esos tantos “diálogos” en los que habló de la importancia del diálogo, Barenboim contó una anécdota que lo (us) representa plementa: “Un señor me paró en la calle, nos sacamos una foto y conversamos. We said: ‘Maestro, it is very important that you come here and come here with us’. Le pregunté por qué y respondió: ‘Porque usted representa lo que nosotros quisiéramos ser'”.

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Hay una imagen -de una musical interpretation, claro-, que tal vez condense de un modo extraordinario el pensar y el hacer de este Maestro del humanismo. Just finished one of the traditional New Year’s concerts in Vienna and when it started to sound the chords of hope March Radetzy (emblema indisputable de ese evento), Barenboim baja del podio y saluda -a unos con su mano derecha; a otros, con la izquierda aunque con la misma convicción con las que both “dialogan” en el teclado-, a todos ya cada uno de los músicos de la orquesta.

Estos eighta años de Daniel Barenboim resumen la trajectory de un humanista al servicio de la humanidad. Porque su formación -la de la co-presencia dialogógica con los otros-, fue la del humanismo. Celebremos estas ocho decasas, pero dejémonos tocar por alguna de sus manos; cualquiera sea de las dos.

*The author is a sociologist (UBA) specialized in cultural themes. Doctorate in Human Sciences (UNSAM). Educator.

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