militancy, exile, exotic journeys and international loves

First, para poder escribir de vinos, Elisabeth Checa tuvo que convertier en Manuel Lasalle. Era 1989 y so firmó sus primeros textos en el suplemento Hominis (“De hombre”, in Latin) del diario Ámbito Financiero. The pseudonym, conformed by his father’s name and his grandfather’s surname, allowed him to keep his secret identity while working, at the same time, in the Gastronómica Cuisine et Vins magazine.

Manuel Lasalle ganó prestigio muy pronto. Sus comentarios eran fáciles de entender por el público aficionado -nada de tecnicismos ni vocabulario rebuscado– y captaban también la attention de las bodegas, que querian darle a conocer sus botellas. En una carrera meteorórica, Lasalle se mudó con sus artículos a La Nación, y, al poco tiempo, fue felizmente desenmascarado.

Treinta y tres años más tarde, la Checa -como la llaman todos ahora- ha hecho de su apellido una marca intrínsecamente ligada al vino with a trajectory that includes radio and television programs, fifteen editions of their traditional guide Los buenos vinos argentinos y premios internationales. Aunque antes, mucho antes del vino, y también durante, la Checa vivió tantas vidas que no parecen caber en una sola.

Elisabeth Checa hoy, en el hall de su casa de Palermo.  Photo: Andres D'Elia


Elisabeth Checa hoy, en el hall de su casa de Palermo. Photo: Andres D’Elia

Recuerdos de juventud: matrimonio fugaz, Cortázar en París y amor en Finlandia

She was just 19 years old when she married Diego Vila, a brilliant pianist que la deslumbró por su talento. Ella, who just graduated from the college of nuns of La Anunciata de Recoleta, always had a voracious passion for music that she tried to satiate with evenings at the Teatro Colón and jazz clubs, while toleraba un trabajo administrativo en Tribunales y estudiaba Filosofía.

Pero, como corroboría después, su voracidad estaba lejos de agotarse en un solo amor y en un solo arte. A lo largo de las decades, migró de una passion a otra, de un país a otro, de una profession a otra, siempre con la dignity de haber sido fiel a su deseo.

“We have launched a life”dice ahora, desde el living de su casa en Palermo, en una charla donde cuesta seguir en forma cronológica el hilo de sus memorias, un repertorio delicioso de anécdotas que trascienden ampelo el amíto sibarita.

Elisabeth Checa en una degustación de wines.  In the background, Miguel Brascó (left).


Elisabeth Checa en una degustación de wines. In the background, Miguel Brascó (left).

-¿Te considerás una bon vivant?

– Well… más que bon vivant, una aventurera. Me gustaba mucho la música y por eso me casé con un músico, pero él al año y medio se fue con otra mina. A mí ni me mosqueó, era muy chica. A los dos meses lo conocí al sueco Bengt, vendí la jilla de porcelana de Limoges que me habian regalado para el casamiento y me fui con él en barco a Europa. Tuvimos que viajar separados porque yo no estaba divorciada (no existía el divorcio) y estaba mal visto compartir camarote con otro hombre que no fuera tu marido. Yo igual me escapaba, imagine.

“El sueco Bengt” is Bengt Oldenburg -nacido en Finlandia, pero nationalizado sueco- un journalist nomade que tenía familiares en Salta pero se cruzó con ella en Buenos Aires y, al menos en esa oportunidade, nunca llegó al norte argentino. So terminaron los dos juntos en París.

Elisabeth Checa y el padre de sus hijos, Bengt Oldenburg.  Photo: Personal album.


Elisabeth Checa y el padre de sus hijos, Bengt Oldenburg. Photo: Personal album.

-Era tu primera vez en Francia. ¿Fue también tu primer contacto con los grandes vinos del mundo?

-No, en esa época todavía tomaba vino en jarra o vino de pichet, como le llamaban. Recuerdo haber comido mi primer steak au poivre (lomo a la pimienta) con vino tinto en un restaurante called Aux Assasins (A los asesinos). We live in the Barrio Latino, in Saint Germain, which I love. One day we went to a concert at the Odeón, Viaje de inviernode Schubert, y Bengt me presented a un tipo alto con cara de bebé con quien fuimos a cenar: era Cortázar.

Lo dice como al pasar, la Checa, que es una gran lectora pero en aquel entonces -bor de los años 60- demasiado joven como para impressionarse por el escritor, que aún no había publicado Rayuela.

That primer trip “de la bohemia”como lo llama ella, siguió con escalas en otras grandes ciudades pero también en geografías dispares como Finlandia y las Islas Canarias. Lo más duro: seis meses viviendo cerca de Helsinki con 20° C bajo cero, “sin un mango, comiendo menús nada gourmet, pero no me importaba”.

Eventually, aquella Elisabeth veinteañera se cansó del deambular errante y decidedi volver a Buenos Aires, pero Oldenburg la siguió y comonenza un periodo en el que They alternated estadías in Argentina – where the sons, Federico and Ernesto were born – and more exotic destinations like India -donde se hizo amiga del músico Ravi Shankarand Algeria.

Elisabeth Checa junto a sus hijos, Federico y Ernesto Oldenburg, cuando eran niños.


Elisabeth Checa junto a sus hijos, Federico y Ernesto Oldenburg, cuando eran niños.

Un año aquí, otro allá, ir, volver, volverse a ir. Da la impresión de que cambió de piel muchas veces mirando las pocas fotos que conserva en un álbum personal errático de una época sin obsesión por registrar y exhibir cada paso que se daba.

in the middle llegó a militar en el Movimiento Villero Peronista, se exilió en Perúempezó a escribir sus primeras notas en diarios y revistas y se enamoró de Ahmed, un argelino que también cruzaría el océano por ella varias veces años más tarde.

“I met Ahmed in 1963, when he was a court judge and the country was about to become independent from the French. Me acuerdo de una playa increíble. Tuvimos una historia, yo me separé del sueco y me quedé a vivir ahí un tiempo, pero después me di cuenta de que era un lugar muy duro para vivir. Treinta años después nos reencontramos en Barcelona y no dejamos de vernos hasta que murió“, relata.

Elisabeth Checa y Ahmed, su novio argelino.  Photo: EC personal album


Elisabeth Checa y Ahmed, su novio argelino. Photo: EC personal album

La Checa evokes todo con desparpajo y humor (“no me hagas quedar como una loca”, pide, cuando habla de sus romances) pero sin grandilocuentes frases. No dice “fue el hombre de mi vida”, pero su novela, la que escribe por estos días cuando no está catando vinos, se va a llamar El argelino.

– How was your period of political militancy?

Militaba con los montos en la villa del Bajo Belgrano. Pero me parecieron de una prepotencia tal que en un momento dije “ya no me los banco”. Me borré a tiempo. Nos timoves que ir con Bengt a Perú, exiliados, con los chicos. Si no hubiera sido así, hoy no estaríamos hablando, estaría bajo tierra.

-En los los 80 llegás, por fin, al periodismo de vinos. ¿Por qué, si ya trabajabas en una revista gastronómica recognisada, tuviste que inventarte una identidad secreta para escribir del tema?

-Es que en Cuisine et Vins ya estaba Miguel Brascó -N. de la R: escritor y fundador de la revista- que medio se había appropriate del tema vinos, entonces me creé otro nombre para escribir en otro medio y que no me rajara.

Elisabeth Checa joined the sommelier Fabricio Portelli and the journalist and writer Miguel Brascó in Portugal, when they were recognized


Elisabeth Checa joined the sommelier Fabricio Portelli and the journalist and writer Miguel Brascó in Portugal, when they were recognized as “cavaleiros do vino do Porto”.

-Da la impression de que durante mucho tiempo el amíto del periodismo gastronómico argentino fue muy masculino. Brascó and other colleagues like Fernando Vidal Buzzi They have a club of men and womenno?

-Yes. Por supuesto, yo no era invitada. Era un ambiente muy masculino. En Cuisine et Vin yo empecé a manejar las tapas una vez que Brascó se fue o ya estuvo muy ocupado con otras cosas… Brascó was muy talentedoso, gran poeta, gran dibujante, pero también bastente machista.

-¿Te sentís una pionera entre las mujeres que borraron esos límites de género?

-Yes. Aunque me costó. Me acuerdo de haber inventado una section en la revista que se llamaba “Menú literario”, donde la idea era buscar referencias en la literatura que tuvieran que ver con la gastronomía. Pero habré hecho uno o dos capítulos porque después le dieron la section a (el escritor) Rodrigo Fresán. Eso me provocó quite a lot of frustration.

Elisabeth Checa con Germán Martitegui, Ahmet (una de sus parejas) and Pablo Massey.


Elisabeth Checa con Germán Martitegui, Ahmet (una de sus parejas) and Pablo Massey.

-Pero tuviste tu revancha, porque después te convertiste en una referente y fuiste testigo del crecimiento de grandes enólogos y chefs argentinos.

– Well, German Martitegui, for example, me encantaba cuando trabajaba en lo que ahora es el Four Seasons y viajamos juntos a Champagne una vez, siempre lo seguí. También apoyé mucho el desarrollo de restaurants como Oviedo, en Barrio Norte, que pasó de ser un bolichón modesto, de comidas para llevar a transformarse en una brasserie parisina maravillosa. O a la parrilla Don Julio, ahora entre los mejores restaurantes del mundo, fui de las primeras en hacerles notas.

En cuanto a los vinos argentinos, lo que me encanta es que son cada vez mejores. De esos vinos con mucha madera, muy oscuros, que los tomabas y te quedaba la lengua como papel de lija, ahora están cada vez más amables.

-¿Qué te atrae de la gastronomy actual? ¿Extrañás algo de otras épocas?

– Well, there were many places in Recoleta that disappeared. Yo adoraba a Ada Cóncaro y su restaurante Tomo I, que estuvo primero en la calle Las Heras, después se mudó y al final lamentamentamente cerró, pero tenía platos inolvidables. Ahora vivo a dos cuadras de Thames, una calle que vi transformarse a lo largo de los años, ahora dicen que es la más glamorousosa.

Me gusta que haya muchos lugares de comida oriental. Antes en Buenos Aires no podías comer ramen, por ejemplo. La tendencia empezó con Silvia Morizono, que era súper vanguardista. Lo que me aburre, y que por suerte está desapareciendo, son los infinitos menús de pasos, lo que en Francia they call the kitchen “techno emotional”. Eso de que te sirvan un puchero en una cup de martini, una humita en una flûte de champagne, eso ya fue.

-Alguna vez digiste que la percepción del vino está asociado al contexto en el que se lo prueba, a la experiencia. Con tanto vivido, ¿qué memorable wines se te vienen a la mente ya qué recuerdos los asociás?

-Un maravilloso Syrah de Mascara, una provincia del norte de Argelia, que a mi novio también le encantaba. Otro que me hizo probar el ologo Manuel Mas in the beginning of the 90s in Mendoza in Finca La Anita, cuando llegué en un Cadillac en una scene de road movie. Unforgettable la manzanilla que tomé en Sanlúcar de Barrameda, España, donde también comí unos langostinos barbaros. Los Merlot y Cabernet Franc de Bordeaux. Después, por supuesto, todos los portos que probé en Portugal…

-Suficiente, Checa, que vas a matar de envya a los lectores. ¿Nunca te cansás de record vino?

-No. Si me siento bien, tomo todos los días con la comida, una copa con el almuerzo y otra con la cena. No concibo comer sin vino.

He died too

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