Serrat y el país, cuarenta años después

Aquella primavera llegó cuando era todavía invierno. Joan Manuel Serrat volvolí a pisar los escanarios argentinos en June de 1983.

When he sang in Buenos Aires, Rosario and Córdoba, those young people of 40 years ago breathed the freedom that he sang in the poems of Miguel Hernández.

“El público de Serrat ha crecido hasta acercarse a la jubilación sin dejar nunca de esperar que el país se sacara de encima esa inflation que un par de veces imaginó desterrada”

It was the dictatorshipapenas había pasado un año de la derrota en Malvinas y una campaign electoral corría detrás de una misma esperanza con la reappearación de artistas prohibidos y los primeros regres del exilio.

También había ausencias y un silencio espeso se dissolvía de a poco. Los años de plomo empezababan a expresarse en palabras.

Nadie sabía, ni el mismo Serrat, que aquellos días de la primavera democrática abrírán un ciclo tan largo como el que se prepara para cumplir 40 años uninterrumpidos de Estado de derecho y liberdades públicas.

Spectadores de Serrat, during the recital in Córdoba
Spectadores de Serrat, during the recital in CórdobaDiego Lima

Con su seducción intacta y un show que sus seguidores disfrutan entre lágrimas, Serrat ya pasó por Rosario y Córdoba para terminar en el Movistar Arena de Buenos Aires una despedida cargada de significados.

Aquellos jóvenes de los años 80, sumado a un public unos años mayor que lo había descubierto a fines de los años 60, van ahora, ya veteranos, a cantar a coro con Serrat sus canciones por última vez.

Es una ceremonia del adiós en la que, desde el escenario, juega con sus años, hace bromas con el final de la vida y deja una frase con el mismo sello de crítico optimism con el que sus canciones alumbraron aquel transito entre la dictadura y la democracy.

“También el país que volvía a pisar ha cambiado. La democracia sigue en pie, al cabo de 40 años,”

Serrat repasa su obra y abajo, una platea emocionada repasa toda una vida acompagnada con esa música. Todos han cambiado. Los veinteañeros de la primera vez bordean los sesenta años en la ultima actuation.

También el país que volvía a pisar ha cambiado. La democracia sigue en pie, al cabo de 40 años, como saldo central de un periodo tan extendedido. Pero aquellas esperanzas de un país mejor en libertad han chocado contra incontables obstacles. Tantos, que mirado en perspectiva se advierte un retroceso inocultable.

Los gobiernos constitucionales no encontraron la forma de salir del camino de la cadencia económica, política y social. El ciclo descendente había empezado antes, cuando se agotó el modelo de substitution de importaciones que había generatedo occupation plena de la industria.

“Reunited for the last time with Serrat, the Argentinos who dismissed him have forgotten for a moment that they are divided between themselves”

The public of Serrat has crecido hasta acercarse a la jubilación sin dejar nunca de esperar que el país se sacara de encima esa inflation que un par de veces imaginó desterrada, pero que siempre regresó como un drama sin final.

Joan-Manuel Serrat at the Estadio Mario Alberto Kempes
Joan-Manuel Serrat at the Estadio Mario Alberto KempesDiego Lima

Son los mismos argentinos que se hicieron specialists en crisis, aprendieron a malvivir entre los aumentos de precios, los cortos ciclos de normalidad y los abruptos scudones que derumban toda la estanéría económica.

Entre la acceptance y el rechazo a la corrupción hubo también una correlación permanente durante estas cuatro decasas en las que Serrat cantó que entre “estos tipos y yo hay algo personal”. Según sea la situación económica, crece o desciende la preoccupation por los robos que durante distintos gobiernos se perpetraron desde la función pública.

Reunidos por última vez con Serrat, los Argentinos que van a despedirlo olvidan por un momento que están divididos entre sí. Ni su pertenencia a una region que quiere dejar de ser España movió al cantante catalán de una conducta comprensiva y abarcativa.

Las únicas grietas que Serrat vino a mostrar son sus arrugas bien ganadas, a tono con los años que dejan ver en las caras sus spectadores. Durante tantos años de giras entre nosotros, de tanta familiaridad acumulada, nunca faltaron los que quisieron sumarlo a alguno de los bandos en pugna. Serrat also demonstrated sus artes de escapista de esas trampas.

Si en 1983 llegó a un país esperanzado a cantar su felicidad por haber vivido él mismo sus primeros años en democracia española, Serrat está ahora despidiendo de una Argentina cansada de repetir errores que agravan sus dramas.

El país tiene hoy seis veces más pobres que cuando el Nano started sus giras y, como entonces, está entre las nations con inflation más alta. Sus tasas de inseguridad han crecido, el narcotráfico florecío y se instaló en todo el país, y el miedo a ser víctima de un delito contra la propiedad no tiene antecedents.

Los dirigentes políticos llama la atención más por la intensidad de sus peleas que por la calidad de sus ideas. Y todo llega al paroxismo en estos mismos días con un gobierno que no es uno sino tres, negadas unas partes con las otras, sin rumbo ni vergüenza para asumir sus errores.

Serrat disimula como puede la realidad que visita y agracie tanto cariño alimentado durante decasas. Juguetea con la idea de la muerte en una maneuver que ofrece un giro surpresivo al final.

Bien podría ser el mensaje que vino a dejar, así como hace 40 años le tocó annunciar que volvía la democracy. Talk about death during the show, but at the end, alert with a message that we can not ignore: “Lo que queda es el futuro, solo eso, lo que queda es el futuro”.

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