The mysterious history of the farewell letter of Stefan Zweig | Tras su suicidio en Brasil cuando huyó de los nazis

Stefan Zweig escribió miles de páginas a lo largo de su vida. Su obra es un inmenso edificio levantado con novelas, ensayos, poems y algunas biografías de personajes célebres, como María Antonieta o Balzac, que le proviciron recognition y dinero cuando le hacian falta. Sus palabras más famosas, sin embargo, fueron las ultimas. On the morning of February 22, 1942, the assistant who cared for his house in Petrópolis, Brasil, where he had come to escape a long exile Nazism, los entente a él ya su esposa, Lotte Altmann, muertos en la cama. Estaban abrazados. Habian dicho basta ingiriendo una dosis letal de barbitúricos.

En el cuarto aparecieron algunos unéditos del autor manuscripts, junto a una veintena de cartas para amigos y familiares. Y en la mesilla de noche, además de unas monedas, una caja de cerillas y un empty vase, uno de los documents más commentados de la historia de la literatura: su farewell text. Las increíbles vueltas que tuvo que dar esa nota antes de ser conocida, así como los interrogantes que dejó el suicidio, son una muestra más de que a veces escribir mucho no basta para explicarlo todo.

Zweig was born in Vienna in 1881, in the old age of a family of Austrian Jews with resources. He studied in Berlin and Paris, and soon developed a profound literary vocation. También coleccionaba partituras de sus compositores de música preferedos. Instalado en Salzburgo, abandonó la ciudad cuando la aviación nazi commenzo a lanzar sobre ella premonitorios pamphlets. En aquella época también se hizo trizas su primer matrimonio, cuando su esposa descubrió que la engañaba con su secretaria, Lotte Altmann. Al estallar la Second World War, los dos amantes huyeron por la frontera. Zweig, who wrote in German, gave his books to the Biblioteca Nacional Austríaca antes de abandonar su casa.

En el extranjero caería en un irremediable isolation, que se extendería much más tiempo de lo que en un primer momento había imaginado. Hasta el final de sus días, de hecho. Su gran miedo era que las tropas de Hitler They arrived at their new hideout, Bath, 150 kilometers from London. El siguiente escalón de la huida was New York. El escritor, harshly criticized for not publicly pronouncing against the Führer – who, however, had prohibited many of his works, en un intento de anularlo del popular imaginario-, echaba de menos a los suyos y la possibility de communicarse en su idioma .

El pesimismo ya se había apoderado de él. Europa, el proyecto en el que siempre había creído, saltaba por los aires. Incapaz de adaptarse a Manhattan, el estado de ánimo de Zweig, que ya se encontraba inmerso en la escritura de El mundo de ayer, seguía agrietándose. Hadia perdido toda esperanza. “No somos sino phantasmas y recuerdos”, comentó entonces a un amigo, el periodista Joseph Brainin. En 1941, en el enésimo desvío de un exile laberíntico, se mudó a Brasil, donde tenía tenía de admiradores. Todavía con Altmann, con la que ya se había casado, se lojaron en una casa de Petrópolis, a las afueras de Río de Janeiro. Hasta que unos meses después, una trabajadora del hogar miró la hora, se extrañó de que la pareja todavía no se hubiera levantado y abrió la dichosa puerta del dormitorio.

Carta de despedida

Zweig se encargó de dejar preparada su carta de despedida. La escribió en alemán, aunque su título era Declaration. En ella trató de explicar las razones del suicidio, y mostró su gratitud al pueblo brasileño. He said the following:

“Before that yo, por libre voluntad y en plena possession de mis sentidos, abandone la vida, me siento obligado a cumplir un ultimo deber: agrader desde lo más intimo a este maravilloso país, Brasil, que nos haya offereda a mí ya mi It’s a place that’s so magnificent and welcoming. Each day that passed, I wanted more in this country, and no other place would have wanted to rebuild my new life, after the world collapsed in my own language and my spiritual home, Europe. , se autodestruyó. Pero tras cumplir los sesenta hacen falta muchas fuerzas para starter totally de nuevo. Y las mías están agotadas por tantos años de errar sin patria. Por eso considero mejor cerrar a su due tiempo y con actitud erguida una vida en la que el trabajo intellectual y la libertad personal me han giveno las majores alegrías y me parecen el más alto bien de esta tierra. ¡Saludo a todos mis amigos! ¡Ojalá lleguen a ver la aurora tras esta larga noche! Yo, excesivamente impaciente, me adelant o a todos ellos”.

El texto tenía que recibirlo Claudio de Souza, the president of the Club de Escritores de Brasil. Cómo llegó al mundo, sin embargo, es un relato que todavía dibuja algunos giros más. Conseguiría recurrlos con éxito Robert Schild en un artículo que se publicó en el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung en mayo de 2020. Un trabajo periodístico que arrojó luz sobre la oscuridad. Y que arrancó con un nombre: Friedrich Weil. Weil, German by birth, also marched with the family of his country when he saw that things started to twist with the Tercer Reich, buying flights to Brazil. Fabricante textil, su siguiente paso fue abrir una empresa de telas en Petropolis. Además, era un fiel lector de Zweig, al que recomendaba encarecidamente siempre que tenía occasión.

El día después de aparecer sin vida los cuerpos del autor y su mujer, por lo que pudo saber Schild, alguien se presentidad en su casa. Era el comisario Jose de Morais. Weil colaboró, pero a contenido le pidió como favor que le mandaran la carta una vez se acabara la investigación, pues para él tenía un enorme valor, a lo que el policía respondió que eso iba a ser bastante complicado, teniendo en cuenta que, por ley, the document should remain como mínimo tres decasas en el archivo del Estado.

Pasó mucho tiempo. Hasta que, en 1972, cuando Weil ya casi se había olvidado del asunto, alguien se puso en contacto con él para venderle el escrito por 10,000 dolares. No le reveló su identidad. Weil suposo que era un agente del cuerpo que en su momento había trabajado en el caso. Pero la proposición no podía ser más extraña. El misterioso sujeto lo citaba en el bar del Hotel Serrador de Río de Janeirole pedía que llevara el dinero en un sobre y le decía que, si quería hacerse con la Declaration, tomara asiento en una de las mesas postreras del local. Weil hizo caso. A los pocos minutos, entró en el bar un tipo con unas gafas oscuras, que caminó hacia él. Mientras uno contaba los billets, el otro comprobó que el texto was el original. Satisfechos ambos, se produjo el intercambio. Y Weil, al volver a casa, guardó su nuevo tesoro en la caja fuerte. Durante años, contaría la anécdota miles de veces a sus amigos, orgulso de haber consigado aquel preciado papel. Después de todo, Zweig había sido siempre su escritor favorito. When Weil died, in 2000, it was assumed that the letter had passed to the hands of his direct relatives.

But then Schild, the author of the article, received a message from Israel. Era Stefan Littresponsible for Human Sciences at the National Library of Jerusalem, who communicated that they had received Zweig’s farewell letter in 1992, thanks to a donation from Friedrich Weil himself, who sent it to his parents, who were que lo convencieron para cruzar el Atlántico, y de Adolf and Flora Emrich. Desde entonces, las ultimas palabras del escritor descansan entre las paredes de un edificio de la ciudad sagrada.

Son muchas las leyendas que rodean la figura de Zweig, un emblema literario que ya gozó de una enorme fama en vida, pero que jamás logró despistar en su cabeza a los fantasmas que lo perseguían desde que abandonedó su Austria natal. Aunque no todas reman a su favor. Algunos no entendieron, por ejemplo, que decidiera afincarse en Brasil, un país entonces comandado por el régimen autoritario de Getúlio Vargas, y que ya lo había recibo con todos los honores en una gira en 1936. Zweig y Altmann hacián each afternoon long paseos por la selva, y luego él se abandonaba a la lectura de Montaigne, Tolstói o Goethe. Cuando llegó a las librerías su ensayo Brasil, país de futuroaunque volvoí a ser un éxito de ventas, la izquierda brasileña se le chó encima, al considerar que estaba blanqueando la dictatorship. No comprendían cómo alguien como él no empathizaba con su lucha.

Siete días antes de morir, visitó el carnaval de Río. Y cuando regresó a Petrópolis, se deshizo otra vez de sus libros, quemó varios papeles en el jardín y le escribió a su casera para anunciarle que le regalaba su perro, puesto que con su mujer habian tomado “otra decisión que seguir alquilando su bonita casa durante más tiempo”. El último que los vio con vida fue Ernst Federamigo del matrimonio con el que cenaron la noche del 21 de febrero, que comentó que los había visto tan gentiles como siempre y que simply le habien contado que estaban teniendo algunos problemas para dormir.

Otro de los enigmas que nublan los ultimos pasos de Zweig es el papel de su mujer, y de qué manera se vio arrastrada también a ese desenlace fatal. El informe del forense reveló que Altmann se suicidó unas horas más tarde, questión que incitó numerous preguntas, aunque ninguna pueda ser ya resuelta. Ella era 25 años menor que él, se encargaba de mecanografiar las obras de su marido, e incluso en algunas ocasions proponía mejorarlas con una sugerencia. La Historia ha insisted on limiting his memory to a faithful wife who, for love and loyalty, decided to accompany one of the grandest plumes of the twentieth century to the bottom of the abyss. En cambio, ha pasado de puntillas por su vida, por sus traumas o por el extraño hecho de que Zweig ni siquiera la mentionera en ninguno de los textos que esa fatídica mañana se hallaron en el cuarto. Apenas hay bibliography que ayude a entender el calvario por el que también tuvo que pasar Altmann.

Luces, sombras y algunas increíbles peripecias conforman la crónica del adiós de Stefan Zweig y Lotte Altmann. Una tragedia que ha sido tantas veces glosada que sus contornos se entreveran inevitablymente con los del mito. Quizá no podía ser de otro modo. La literatura coveriendo con otra capa a la propia literatura. Hay novelas que se siguen escribiendo fuera de la hoja.

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