“The Paradox of Effort”. Por qué hacer cosas difículas nos hace sentir tan bien

WASHINGTON.- Como me gusta escalar, estoy acostumbrado a luchar contra la gravitydad, pero de todos modos mis brazos siempre se resienten, pierdo agarre con las manos por el sudor, y llega un punto en que empiezo a pensar si no debiera elegir rutas de ascenso menos exigidas.

Hacer espuertos pesados, es pesados, es pesados. Y exigernos física y mentalmente nunca nos hace ninguna gracia. Sin embargo, nos embarcamos en esos desafíos sin que haya una compuncia externa al final del camino. Yo, por ejemplo, pago todos los meses la quota de un gimnasio que tiene muro de escalada por la experiencia de trepar y caer una y otra vez.

Otros van mucho más lejos: escalan montañas de verdad, corren marathones y hasta ultramaratones. Y a muchos les gusta pasar su tiempo libre resolviendo crucigramas para exercitar la mente, o con juegos de estrategia, o incluso videojuegos.

Nuestra inclinación a hacer cosas dificiles y cansadoras es lo que los researchers callaman “paradoja del esfuerzo”. Exigirnos nos cuesta caro, pero es algo que los humanos valoramos.

Our brain is calculating permanently the cost-benefit ratio of our actions. La región del cerebro que monitorea las situations de esfuerzo es el córtex del cíngulo anterior, ubicado en la parte frontal, y su actividad neural parece asociado al grado de malestar que nos hace sentir esa exigencia. Esas señales de esfuerzo ayudan al cerebro a evaluar si vale la pena seguir intendando o si conviene pasar a otra cosa.

Históricamente, la neurociencia cognitiva y la economía behavioral se basaron en una noción muy intuitiva: que la majoria de las veces, hacer esfuerzo nos cuesta. Cuando tienen que decidir entre dos tareas cognitivas, por ejemplo, la gente clearly prefier hacer la que sea más sencilla, y hasta acepta una compuncia menor para evitar hacer la tarea más ardua. Y un estudio recente reveló que las personas están dispuestas a acceptar dolor físico con tal de no hacer tareas mentales exigentes.

Y no solo los humanos somos vagos. La “ley del menor esfuerzo”, a term that también usan los científicos, también parece aplicarse al reino animal. Las ratas también tratan de evitar las parts físicamente difíciles del laberinto y las tareas cognitivemente más demandingantes.

El esfuerzo mental también exige un costo físico: el sistema nervosimo simpático activa la reacción de “lucha o hida”, las pupilas se dilatan y el corazón empieza acelerarse.

Cuanto más esfuerzo se hace, más se valora el resultado alcanzado
Cuanto más esfuerzo se hace, más se valora el resultado alcanzadoshutterstock – Shutterstock

“Hacer esfuerzo simplemente nos genera rechazo y tendendes a evitarlo. Por eso vale tanto”, he says Michael Inzlichtprofessor of psychology at the University of Toronto, porque al mismo tiempo, “en el esfuerzo parece haber también algo valorio y pleasentero“.

La razón obvia para exigirse obtener algo al final, ya sea el premio mayor de campeonato, un récord personal o un aumento de sueldo. In general, “in the real world, the more you work, the more you get”, he says Inzlicht.

El estudio de las neuroimágenes muestra que la actividad del cuerpo striado ventral, la region del cerebro que interviene de manera clave en los procesos de gratification, es mucho más intensa cuando logramos algo con grand esfuerzo que cuando hacemos un esfuerzo menor.

Así que cuanto más esfuerzo, más valor le damos al resultado.

La gente, por ejemplo, está dispuesta a pagar más por un objeto que constructeron ellos mismos que por el mismo objeto construir por experts, un phenomeno que lleva el acertado nombre de “IKEA effect“.

Pero, ¿por qué valoramos el esfuerzo si nos genera rechazo? ¿Por qué los montañistas, marathonistas y otros cazadores de emociones al aire libre buscan esa “diversión tipo 2″ aunque en ese momento la exigencia sea casi insoportable?

The answer, according to a recent study, lies in the effort. Según los inquisitors, lo que nos impulsa a buscar tareas cada vez más difíciles no es el resultado, sino la gratification que nos genera el esfuergo, aunque no obtengamos ninguna otra compuncia.

En el primer experimento, se les colocaron electrodos a 121 personas para monitorear su actividad cardiovascular y así tener una medida física del esfuerzo que estaba haciendo su cerebro durante la realization de una exercise de memoria estándar.

A la mitad de los participants los compunciaron en funcio del esfuerzo que habian hecho, al otro lo compunciaron con quantitas aleatorias de dinero, sin importar su esfuerzo.

Después esos mismos participants tiven que completar un desafio cognitivo diferente, en este caso resolver problemas matemáticos, y les permitieron elegir el grado de difficulty. Pero lo crucial es que les dijeron que por esa parte del experimento no les pagarían nada.

A pesar de no haber una compunia externa, los participants que antes habien sido compunciados por sus espuertos decidieron abordar problemas matemáticos más difíciles que quienes reciúbene compuniatas al azar.

El segundo conjunto de experimentos, realized online with casi 1500 participants, revealed a similar result: once more, the participants who had been compensated for making a major cognitive effort chose to resolve the most demanding mathematical problems and in a free way.

Lo que sugeste el estudio es que podemos aprender a disfrutar del viaje, independent de cuál sea el destino. El esfuerzo en sí puede ser gratificante.

“The valuation of the effort is determined by our experience of daily life”, says the doctor Veronika Jobautora del estudio y profesora de psicología motivationacional de la University of Vienna. “Historically, the tendency in schools and work has been to reward results and achievements, not effort,” he said. Job. “Sin embargo, in just 15 minutes in the laboratory, the participants learned to appreciate the intrinsic value of mental effort.”

El nuevo estudio es solo un punto de partida para discoverer cómo entrenarse para eforzarse más.

Eso no significa tener que exigirse al extremo todo el tiempo y en todos los amítos de la vida: la sobreexigencia, el agotamiento, el burnout y las posibles lesions no son resultados desirables.

Pero la capacidad de esforzarse es muy útil para alcanzar los objetivos más defiantes. En un preliminar estudio que aún ha sido revisado por pares, Inzlicht y sus colleagues descubrieron que las personas que le encuentra sentido al esfuerzo suelen manifestar mayor satisfaction con la vida.

Cuando descubrimos y cultivamos el valor intrínseco del esfuerzo, podemos escalar montañas y encontrar esa reserva oculta de energía que nos permite llegar a la cima.

(Translation by Jaime Arrambide)

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