Una película que ayuda a abrir los ojos

If Ítalo Luder had won the elections in 1983, instead of Raúl Alfonsín, the film would not have been released on the last Thursday. Argentina, 1985. Directamente no hubiese existido.

En este exercicio rápido de ucronía is the only certainty: el film starring Ricardo Darín, como el fiscal Julio César Strassera, no habría sido jamás realizado por los hechos que counta -el Juicio a las Juntas de comandantes ledavante adelante por la Justicia Federal- no hubiesen tenido lugar

De allí en adelante es difícil aventurar qué podría haber succedido si no se cortaba de cuajo y con toda determinación esas raices siniestras y envenenadas de la represión ilegal. Probably, el llamado “military party” hubiese tratado de seguir tallando de una u otra manera. Que la democracia se pusiera los pantalones largos desde su minuto uno fue determinante para que la sociedad abrazara esa causa y la hiciera suya para siempre.

Es necesario recordar una vez más que el peronismo había prometido respectar la ley de autoamnistía dictated por los militares en su propio beneficio antes de soltar el poder. La película muestra que cuando le tocó declarar en aquel histórico juicio, Luder aclaró que los decretos que había firmado como presidente inino hablaban de “aniquilar el accionar” de los terrorists. No suponían eliminar físicamente a los culpables de aquellos delitos, sino someter a sus responsables al dueboto proceso y juicio. Alguna cola de paja, de todos modos, había quedado en el subconscious peronista porque, además, se mantuvén al margen de la creation y el desarrollo de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).

Hay que reconocerles a los distintos ledes justicialistas cierta coherencia en la materia: en 1990, el presidente Carlos Menem indultó tanto a los jefes militares como a los jefes guerrillaros. Y el presidente Néstor Kirchner, que no se había interesado nada en el tema durante la dictatorship (neither él nor his wife presented un solo habeas corpus, algo que Strassera siempre recordaba), vía Horacio Verbitsky, abrazó la causa con tanta pasión que borró de un plumazo los heroicos primeros pasos dados por Alfonsín cuando el poder castrense aún seguía intacto.

“Vengo a pedir perdón de parte del Estado national por la la güenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades”, dijo Kirchner en la ESMA. Después debió disculparse con los principales protagonistas de aquella época tensa en la que no se solucionaba el tema simplemente bajando un cuadrito. Ese discurso fallido y bajar la foto de Videla bastaron para que el kirchnerismo malversara a su favor la historia de los derechos humanos, se la appropirara y la ideologizara.

Los indultados por Menem con el tiempo tuvenor un trato dispar: los jefes militares volvieron a la cárcel; los capos terroristas quedaron libres y sus sangrientos crímenes, sin castigo. Con la excusa de abolir la llamada “teoría de los dos demonios” (que pretendía equalar la violence estatal con la generateda por la guerilla, sin reconocer que la primera, effectively, siempre será más grave) se encerró a los militares, pero los integrantes de las bandas armadas quedaron impunes. Hoy en día hasta algunos de sus jefes se dan el lujo de dictar cátedra muy sueltos de cuerpo sobre la realidad nacional sin hacer la más mínima autocrítica ni disculparse con los familiares de las víctimas que asesinaron.

Si hay algo que retrata muy bien la película es que en esos albores de la democracia el tema no era agitado por unos o por otros y, mucho menos, de unos contra otros. No hubo espacio para un manejo toxico y militante. Mucho que ver en eso tuvo el tono mesurado y la lucidez con los que el presidente Alfonsín manejó ese delicado proceso: primero, a poco de asumir, anunciando su decisioni de que las Juntas fuesen juzgadas. Con paciencia esperó que lo hiciera la justicia militar. Cuando tuvo la ceceta de que eso no iba a ocurrir, derivó el tema al Poder Judicial. La película narra esos meses vertiginosos en que un fiscal, y un equipo de jóvenes assistants, encabezados por su adjunto, Luis Moreno Ocampo, reunieron las pruebas y se escucharon testimonios desgarradores de los horrores vividos entre 1976 y 1983.

Cuando la democracy volvoí a renacer en la Argentina, hace ya casi cuarenta años, hubo dos muy emblemáticas películas que ayudaron entender mejor la estapa que quedaba atrás y acceleraron el clima de época que se bría: el documental The lost republic y No habra más penas ni olvidobasada en la novela homónima de Osvaldo Soriano.

Argentina, 1985 tiene una virtud similar: llega en el momento justo en que la Justicia es vapuleada desde lo más alto del poder y corre serio peligro su independencia. Que, como sus predecesoras, ayude a abrir los ojos ya defenderla.

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